viernes, 3 de abril de 2015

Siempre que hacemos un viaje con nuestro hijo tratamos de buscar un zoológico o cualquiera que sea el lugar donde haya animales o se relacioné con la naturaleza, ya que creemos que no hay mejor manera para que nuestro pequeño conozca la infinidad de especies que existen alrededor del mundo que viéndolos de frente y no en una enciclopedia o un libro, queremos que él al viajar abra sus ojos, sienta, descubra pero que también se vaya haciendo responsable de cuidar el mundo que le pertenece.

Así que desde el momento que nos hablaron del famoso Biodôme de Montreal, sabíamos que a como diera lugar teníamos que visitarlo. Así fue, muy temprano nos dirigimos hacia allí, y al llegar nos encontramos con una larga fila llena de niños y familias grandes, pero teníamos la firme determinación de que la espera valdría la pena. Después de los 30 minutos, después de todo no fue tanto, nos disponíamos a entrar en donde te dan un librito que muestra todas las especies que se pueden encontrar dentro, al igual que un gis para que los niños vayan encerrando en un circulo la especie que vayan viendo dentro. Me pareció padrísima idea porque es una forma de hacer que haya más interacción entre las familias ahí adentro y que no solo sea el hecho de ver los animales.
Papá iba tan atento como el viajerito para encontrar el máximo numero de animales, con la esperanza de poder ganar algún premio o algo al final del recorrido.

Hay especies de todo tipo, desde plantas, aves, lagartos, mapaches, patos, peces y por supuesto las estrellas principales son los pingüinos, todas las especies rodeadas de un ambiente lo más pegado a su habitat y su realidad.

Lo que seguramente jamás olvidaremos de este recorrido fue que tuvimos que andar cargando las mil chamarras que traíamos, ya que dentro del Biodomo los animales están con una temperatura ambiental (como en su habitat) y que por supuesto con todas las capas que uno trae consigo de ropa por el frío que hay afuera, puedes llegar a deshidratarte ahí dentro (no es broma), así que a final del camino uno termina bastante cansado no por la caminada si no por la cargada de la ropa. Aunque a la salida descubrimos que antes de entrar puedes dejar guardado todo tu arsenal de chamarras (como en muchos lados en Canada), aunque aquí entre nos no éramos los únicos, pues la mayoría de las personas traía consigo su infinidad de ropa.


Es una gran atracción más que brinda para el que hacer en la ciudad de Montreal con niños para pasar un rato súper agradable con toda la familia. Muy recomendable, y no es exclusivo para niños.

A la salida hay una tienda de souvenirs, donde se puede encontrar libros, peluches y artículos del Biodôme; nuestro pequeño viajero se trajo un pequeño pingüino, que desde ese momento y hasta hoy ya es de sus favoritos.



- Escrito por Mamá -

Publicado por Viajede3 On 9:51 Deja un comentario

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